La psicología social

Una de las tensiones contemporáneas esenciales para la psicología social parece ser que la realidad apunta hacia una dirección y sus tradiciones teóricas hacia otras muy distintas. Ésta es la crisis de la psicología social contemporánea. Que sus teorías apuntan hacia un horizonte muy distinto de lo que ocurre en nuestras sociedades. Que sus versiones son insuficientes para explicar los problemas contemporáneos de la sociedad. Y que, más aún, sus conceptos y definiciones son insuficientes frente a una realidad que continuamente está superando todos esos discursos, relatos y narraciones de manufactura psicosocial. Si los estudiantes deciden hacer una tesis sobre temas novedosos como la cibercultura o las redes sociales, lo más seguro es que: a) se topen con un médium de vieja estirpe que les pida que utilicen una teoría de la psicología social para apoyar sus observaciones; b) su asesor dé ‘luz verde’ al proyecto, pero poco tenga que aportar al proyecto porque difícilmente tiene un perfil en Facebook y mucho menos ha leído del tema; o c) el investigador termine convenciéndolos de que ése no es un tema propio de la psicología social y que será mejor que cambien de tema
Mientras las tradiciones de pensamiento de la psicología social apuntan hacia un sitio lúgubre, las dinámicas sociales contemporáneas se mueven en múltiples y diversas direcciones. Esto se traduce, más o menos, en la imagen que casi todos conocemos. Mientras el profesor habla de G. H. Mead y su importancia para la psicología social, los estudiantes intercambian mensajes SMS sobre cómo les fue el fin de semana en la fiesta de música electrónica o en el bar. Y muy lejos están las reflexiones de Mead del mundo contemporáneo. De tal modo que ni siquiera existe una remota posibilidad de que, hablando de Mead, uno pueda hacer que los estudiantes aparten por unos segundos su mirada de la pantalla de su dispositivo móvil. Y esto no quiere decir que los profesores de psicología social deban ponerse una nariz de payaso para lograr captar la atención de sus respectivos alumnos, pero sí es un llamado de atención bastante pertinente a todos aquellos que por mirar el pasado han dejado de mirar el presente con todo y su riqueza cultural. Y también es un llamado de atención a los jóvenes estudiantes de psicología social porque es cierto que no se puede pretender ser un psicólogo social sin conocer a los clásicos de la disciplina. Michael Billig lo dijo ya de una forma más radical: “los psicólogos sociales ignoran su pasado, sobre todo con base en el supuesto de que, así como nadie pondría una rueda de una carroza en un moderno carro deportivo, tampoco debe uno insertar nociones precientíficas en una disciplina científica seria” (1987:32). Refiriéndose a lo que él denominó ‘psicólogos anticuarios’, él afirmó que “el anticuario no muestra desdén por el pasado” (Billig 1987:33). Y los estudiantes no deberían mostrar desdén por el pasado o por los clásicos de la psicología social. Pero lo cierto es que no han cultivado, en su mayoría, el espíritu del anticuario.

Herbert Blumer hace bastante tiempo llamó la atención sobre una situación, dijo que “una ciencia sin conceptos sería una creación fantástica” (1981:117). Y también señaló que los conceptos “son producto de la reflexión humana. No son entidades derivadas de una experiencia perceptual directa: sino que han nacido como concepciones derivadas de experiencias perceptuales directas que han resultado desconcertantes y problemáticas para el hombre” (Blumer 1981:120). Esto es importante por una cuestión: “las teorías no son elementos cosificados a los que haya que adscribirse necesariamente para dar cuenta de todos los problemas sociales. Su función es hacer inteligible la realidad social, una realidad que no es uniforme, ni estática, sino múltiple y cambiante” (Álvaro y Garrido 2003:47). Es cierto, la psicología social es un área de conocimiento más que “un conocimiento con un objeto de estudio específico” (Álvaro y Garrido 2003:47). Y es aquí donde encontramos otro punto importante para la discusión. Todavía hay quienes, al darsu propia definición de psicología social, afirman que ésta se encarga de estudiar esto o aquello. Como si a la psicología social le correspondiera una parcela de la realidad que le es propia por derecho epistemológico o casi ontológico. ¿Podemos explicar fenómenos contemporáneos con viejos conceptos? Si es así, ¿hasta dónde es posible hacerlo? ¿Resultan los viejos conceptos más que útiles, pertinentes para explicar las nuevas dinámicas del mundo contemporáneo? ¿Sería pertinente rechazar los viejos conceptos y recurrir a otros nuevos? Ninguna postura radical que apuntara en cualquiera de las dos direcciones resultaría pertinente.

Bibliografía:
Soto-Ramírez, J. (2015). Psicología social¿ para qué?. Cinta de moebio, (52), 48-59.

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